Otro viento mejor

Por Nicolás Fernández

Todxs estamos al tanto de la crisis sanitaria, social y económica que sacude a la humanidad producto del coronavirus: COVID-19. Pero no encontramos consenso en “una salida”, o “la receta” ni “la fórmula mágica” para salir. Seguramente leímos más de una nota que vaticina o profesa cambios en nuestras vidas pero no sabemos el alcance o profundidad de esos cambios. Reconocemos que no es la normalidad al ritmo que transcurrían nuestras vidas pero no tenemos certezas, garantías de que la “nueva normalidad” signifique un salto positivo o una mejoría. Tal vez, sea el momento de que tomen fuerza las ideas que deriven en acciones para cambiar, transformar y diseñar una reconstrucción que sea sostenible. Para ello hay que atreverse a buscar un viento mejor.

Mediante el Decreto 297/2020, el poder ejecutivo nacional, estableció lo que conocemos por “aislamiento social preventivo y obligatorio”. Sin dudas una medida excepcional, extraordinaria y sin precedentes. Así como el gobierno argentino ubicó actividades esenciales, a las cuales le dio la exención de permanecer en aislamiento, encontramos que otros rubros o tareas no son tan primordiales como parecían o, por el contrario, que algunas son más necesarias de lo que creíamos.

Aplicar la ley de abastecimiento, declarar la emergencia sanitaria, la necesidad de regular los precios (establecer precios máximos), fiscalizar los supermercados, comercios de proximidad y farmacias, prohibir los despidos, crear un bono excepcional para quienes se encuentran en la economía informal y no perciben ingresos fijos. Aumentar las asignaciones sociales, jubilaciones mínimas, generar un programa económico para las PYMES, entre tantas otras, son la clara demostración de que el Estado argentino está actuando en pos de garantizar que el impacto económico sea lo más leve posible en el cotidiano de las personas.

Una emergencia sanitaria como ésta cristaliza los inconvenientes que trae aparejados el sistema económico: la cadena de producción alimenticia, en Argentina, está concentrada en manos de pocos, al tiempo que hay poca diversificación en los dueños de supermercados. Es la oportunidad del gobierno, a través de la licencia social, hacer parte a la sociedad de la reestructuración de la economía, recortando intermediarios que solo encarecen la cadena y alejan a las personas de los comercios de cercanía, que hoy resultan clave para evitar propagar el virus.

Parece necesario reordenar la industria alimenticia y recomponer el tejido social vinculando a lxs productores con lxs consumidores, eliminando los intermediarios. Pero, no es solamente la cadena de valor lo que hay que repensar, el modo de producción también. Un claro ejemplo de esto puede ser la agenda de la Unión Europea, “de la granja a la mesa”[1]. Una producción agroecológica supone no solamente ser una disciplina científica sino también un conjunto de prácticas y un movimiento social[2].Como tal, persigue papeles multifuncionales para la agricultura, promueve la justicia social, nutre la identidad y la cultura, y refuerza la viabilidad económica de las zonas rurales. La COVID-19 no va a generar cambios en nuestras costumbres y hábitos de consumo, es la oportunidad del Gobierno, mediante sus representantes, con licencia social aprovechar la oportunidad  para promover todas aquellas actividades que amplifiquen la justicia social, el cuidado ambiental y el desarrollo sostenible de nuestro país.

Una nota del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) llama a la reflexión sobre cómo volver a la actividad económica tras las cuarentenas mundiales. Necesitamos ver cómo el manejo prudente de la naturaleza puede ser parte de esta economía diferente que debe surgir una en la que las finanzas y las acciones impulsen empleos sostenibles, el crecimiento verde y una forma distinta de vida, porque la salud de las personas y la salud del planeta son una y la misma cosa, y ambas pueden prosperar en igual medida (Noticias ONU, 2020).

La pandemia de la COVID-19 en sí misma no es sinónimo de cambio, más que para fomentar y desarrollar la biotecnología. La necesidad de generar una transformación en el sistema capitalista, de explotación intensiva, radica en la oportunidad de potenciar el accionar y el rol del Estado en su tarea de resignificar aquellas actividades económicas que no promuevan la justicia social ni  tengan un accionar sostenible. El coronavirus recrea el peligro inminente de muerte, (asumiendo el criterio hobessiano, de que el mayor temor del individuo es la muerte), por como está dado el entretejido del poder, el Estado es la única tecnología con racionalidad, y por tanto previsibilidad, que justifica el accionar biopolítico[3]. En esta reflexión se halla la legitimidad de toda acción del Estado argentino, dado que la licencia social brindada al accionar biopolítico del Estado sin poner reparos, radica en el miedo a la muerte. Amenaza latente en la pandemia por el coronavirus, la falta de vacunas y tratamientos médicos.

El “aislamiento social preventivo y obligatorio” puede ser la respuesta a la COVID-19, pero el individuo no debiera despojarse de todo, reducirse a ser un mensaje de voz, participar de una tele-reunión, ser la dirección de correo electrónico, los filtros de Facebook, los filtros de Instagram, productor de videos en tik-tok. Reducirse a ser consumidxr digital, un tele-productor, un código, un pixel, una cuenta bancaria, un domicilio al que el supermercado le lleva las compras o usuarix de la aplicación CuidAr en su celular. Ha de poder utilizase el aislamiento y las herramientas cibernéticas para repensar la práctica política, sostener y reformular los lazos sociales, las tecnologías del biopoder para potenciar el rol y el accionar del Estado, al tiempo que se busquen vacancias del Estado como pueden ser la salud, la educación, el acceso a los bienes y servicios vitales, para luego repensar nuevas. Construir una subjetividad que reperfile nuestras necesidades ilimitadas con un criterio sostenible, solidario e inclusivo, con justicia social y una perspectiva ecológica. La respuesta no está en la biotecnología, de controlar la mortalidad, aumentando el tiempo de vida humana para prolongar los ciclos laborales. No es sostenible para nuestro planeta y para nuestras democracias liberales que unxs pocxs ganen mucho y que muchxs ganen poco.

[1] La crisis del coronavirus ha revelado nuestra vulnerabilidad y la importancia de restablecer el equilibrio entre la actividad humana y la naturaleza. La Estrategia sobre Biodiversidad y la Estrategia «De la Granja a la Mesa», elementos centrales del Pacto Verde, apuntan hacia un equilibrio nuevo y mejorado entre la naturaleza, los sistemas alimentarios y la biodiversidad para proteger la salud y el bienestar de nuestros ciudadanos y, al mismo tiempo, incrementar la competitividad y la resiliencia de la UE. Estas estrategias son una parte fundamental de la gran transición que estamos emprendiendo». Frans Timmermans, vicepresidente ejecutivo de la Comisión Europea (mesa, 2020)

[2] Agroecología y Agricultura Familiar: La agroecología es una disciplina científica, un conjunto de prácticas y un movimiento social. Como ciencia, estudia cómo los diferentes componentes del agroecosistema interactúan. Como un conjunto de prácticas, busca sistemas agrícolas sostenibles que optimizan y estabilizan la producción. Como movimiento social, persigue papeles multifuncionales para la agricultura, promueve la justicia social, nutre la identidad y la cultura, y refuerza la viabilidad económica de las zonas rurales. Los agricultores familiares son las personas que tienen las herramientas para practicar la Agroecología. Ellos son los guardianes reales del conocimiento y la sabiduría necesaria para esta disciplina. Por lo tanto, los agricultores familiares de todo el mundo son los elementos claves para la producción de alimentos de manera agroecológica. (FAO, 2020)

[3] Michael Foucault desarrolló el concepto “biopolítica” para analizar la relación del poder con el cuerpo viviente (por tanto, mortal) y al mismo tiempo con la construcción de subjetividad. El objetivo del biopoder, por lo tanto, es la gestión total de la vida

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