“Nadie se salva solo”: la ruptura albertista

Por Camila Vautier[1]

El futuro pospandemia augura nuevos órdenes y vaticina cambios. Las lógicas individualistas del neoliberalismo quedaron cortas para afrontar a una enfermedad tan global como el mismo sistema, a la que el trabajo en unidad y la solidaridad parecen ser las únicas herramientas que están dando mejores resultados para combatirla sin dejar a la mayor parte de la población afuera.

El filósofo esloveno Slavoj Zizek aseguró que el Covid-19 fue un golpe al estilo Kill Bill para el capitalismo global y pronosticó la necesidad de un cambio radical1. Byung-Chul Han, filósofo surcoreano, dijo que se equivoca, que la pandemia demostró el poder de China a través de la big data y que el control policial digital podría extenderse hacia Occidente mostrando una versión aún más feroz del capitalismo2.

La discusión está planteada, el interrogante acerca de la continuidad del capitalismo y su maquinaria simbólico-cultural gira en el aire. Pero ¿cómo se traduce eso en nuestro país?

Para iniciar algunas reflexiones, el ensayista y psicoanalista argentino Jorge Alemán sostiene que el neoliberalismo aborda estructuras que no se agotan en lo económico, sino que tienden a la “reproducción ilimitada” a través de la producción de reglas “institucionales, jurídicas y normativas” basadas en la competencia y la maximización del rendimiento3.

Es decir que, además de constituirse como un sistema de concentración de la riqueza y reproducción de la desigualdad, es también un aparato que se refuerza en la construcción de una racionalidad propia. Es a lo que Alemán llama la “subjetividad neoliberal”, un tipo de ser en el mundo como “sujeto emprendedor”.

Meritocracia: un entramado discursivo al que pocos llegan

Durante sus cuatro años de gestión (2015-2019), el exmandatario Mauricio Macri y todo el aparato comunicacional Cambiemos enarbolaron las banderas de la meritocracia como símbolo del éxito individual para salvar a la Nación de la imaginada catástrofe populista.

Algunos memoriosos recordarán cuando en 2017 Esteban Bullrich arengó a los/as jóvenes desempleados/as de la Provincia de Buenos Aires a realizar “sus propios proyectos”, como poner una cervecería artesanal o pilotear drones. “La escuela debería prepararte para crear empleos, no para buscaros”, le dijo a Radio Con Vos el entonces candidato a senador por el macrismo.

Esa misma lógica también la replicaba Mauricio Macri en sus discursos. Y, de hecho, en la apertura de sesiones legislativas de 2016, afirmó: “Tenemos que recordar lo que nos enseñaron nuestros padres y abuelos que es la cultura del trabajo, la cultura del esfuerzo. Ese esfuerzo que dignifica, ese esfuerzo que te eleva la autoestima, esa responsabilidad del esfuerzo que te aleja de la deshonestidad y de la improvisación”.

La cultura del trabajo, para Macri, está desideologizada, pasada por agua. Es sólo producto del esfuerzo individual de quienes llamaba “nuestros padres y abuelos” provenientes de Europa en los procesos inmigratorios (desconociendo absolutamente la presencia de otros pueblos en el territorio), que es posible alcanzar el éxito.

Tampoco importaba que el país tuviera índices de desigualdad, pobreza y desempleo en aumento. O que la angustia de no llegar a fin de mes se hiciera cada vez más generalizada, mientras los grupos concentrados de la Argentina fugaban millones de dólares al exterior en cuentas off shore.

En ese contexto de falta de oportunidades, el esfuerzo individual fue el valor simbólico macrista que promovía la ruptura de lazos sociales y la denigración del movimiento colectivo, en pos de la construcción de un sujeto que sólo podía concebirse en tanto “empresario de sí mismo”.

El desafío de desentramar la narrativa neoliberal

La gran ruptura que logró Alberto Fernández al discurso de la meritocracia propuesta por Cambiemos en sus cuatro años de gobierno, fue poner a la solidaridad como uno de los “conceptos claves y orientadores de su propia narrativa de crisis”, como aseguró el Doctor en Comunicación, Cristian Secul Giusti4.

La solidaridad, en un escenario de crisis sanitaria y económica como la provocada por el Covid-19 en todo el mundo, apunta a reconstruir los lazos sociales aún durante el Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio (ASPO) lanzado por el Ejecutivo para evitar el avance de la pandemia.

Ya desde su primer mensaje sobre el coronavirus emitido por cadena nacional el 12 de marzo, el Presidente afirmó que la Argentina debe ser “un país unido, en el que comprendemos que lo que le pasa al otro, nos afecta a todos”. O como mencionó semanas más tarde en diálogo con el ex cantante de Calle 13, René Pérez: “Para salvarnos tenemos que salvarnos con el otro”. En otro mensaje a la sociedad, sostuvo: “Si algo tiene que enseñarnos la pandemia, es la regla de la solidaridad, aquí nadie se salva solo”.

En estos enunciados subyace la idea de comunidad. El otro, aparece, surge, es nombrado y reconocido. Ya no es posible pensar a una Argentina desde el cuidado individual, si no es para un bien colectivo. Porque para el Covid-19 aún se desconoce la cura y la posibilidad de un colapso del sistema sanitario, junto al temor por la muerte evitable de miles de personas, están latentes.

Miradas hacia un futuro incierto

El neoliberalismo, consagrado por el poder de Estados Unidos tras la caída del Muro de Berlín como el supuesto único orden posible, está viendo tambalear sus bases con la emergencia de un virus que trastocó los sistemas sanitarios y económicos de todo el mundo. También es, no obstante, una versión mejorada del capitalismo industrial devenida de otras crisis.

Pero como afirma Alemán, el neoliberalismo es algo más que sólo una estructura económica y, en este sentido, para que de la crisis del Covid-19 emerjan nuevas formas de organización, más solidarias y más justas, también será necesario la construcción de racionalidades que acompañen a esos procesos.

Alberto Fernández comenzó a tejer nuevas narrativas desde el Estado basadas en la solidaridad, donde la preocupación por el otro está presente. Y propone, así, una ruptura con las lógicas neoliberales sostenidas por Macri en sus años de gobierno, que va del “sálvese quien pueda” al “nadie se salva solo”.

Este podría ser el primer paso en el largo camino por lograr que la pandemia y sus consecuencias -que dejó al desnudo las enormes desigualdades que sufre nuestra sociedad, permita el surgimiento de formas de organización más justas y equitativas.

 

Notas

1 Zizek, S. (2020) “Un golpe tipo ‘Kill Bill’ al capitalismo”. Lobo Suelto. Recuperado de: http://lobosuelto.com/sobre-el-coronavirus-y-el-capitalismo-debate-zizek-byung-chul-han/

2 Byung-Chul, H. (2020) “La emergencia viral y el mundo de mañana”. Lobo Suelto. Recuperado de: http://lobosuelto.com/sobre-el-coronavirus-y-el-capitalismo-debate-zizek-byung-chul-han/

3Entrevista realizada por Diego Kling y el equipo de Argentina Futura para “El futuro después del COVID-19”. Recuperado de: https://www.argentina.gob.ar/sites/default/files/el_futuro_despues_del_covid-19.pdf

Alemán, J. (2013) “Neoliberalismo y subjetividad”. Contratapa de Página 12. Recuperado de: https://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-215793-2013-03-14.html

4 Secul Giusti, C. (2020) “Albertismo en tiempos de crisis: Estado, solidaridad y unidad”. Revista Zoom. Recuperado de: https://revistazoom.com.ar/albertismo-en-tiempos-de-crisis-estado-solidaridad-y-unidad/

[1] Profesora y Licenciada en Comunicación Social (UNLP)

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