Todxs somos Vicentin

Por Daniel Greco[1]

En las últimas semanas, luego de más de 90 días de aislamiento social preventivo y obligatoria en el AMBA, se abrió una nueva (o mejor dicho reeditada) grieta en la opinión pública, fue en torno a la decisión del Gobierno de intervenir la empresa Vicentín y presentar un proyecto de expropiación de la misma, teniendo en cuenta el importante rol estratégico de la compañía en el mercado del agro.

A modo de resumen, la situación de Vicentín es la siguiente: la empresa se encuentra en concurso preventivo, proceso en el cual se accede cuando una empresa entra en cesación de pagos, es decir, que no puede afrontar sus deudas exigibles. El concurso tiene el objetivo de que la empresa logre acuerdos con sus acreedores para poder seguir funcionando y no quebrar, siempre y cuando se verifique que las causas que la llevaron a esta situación no sean fraudulentas.

El Banco Nación de la República Argentina le dio préstamos a Vicentín en el último año por U$S 150 millones, otorgándole en el mes de noviembre la suma de U$S 86,6 millones (con la empresa ya en cesación de pagos), lo que llevó la deuda total a los U$S 300 millones, y convirtió al Banco Nación en el acreedor financiero más importante.

Otros de los acreedores perjudicados por la situación de Vicentín son pequeños productores que entregaron granos a la compañía y aún no han podido cobrar, la mayor cantidad de damnificados son productores rurales: la deuda por la compra de granos afecta a 1.895 empresas. Del pasivo de Vicentín, el mayor porcentaje lo tienen la deuda financiera, representando un 64%, seguido por los acreedores vinculados a la compra de granos.

También vale aclarar que esta empresa, en situación límite, emplea en sus diferentes unidades de negocio a 6 mil personas. El grupo Vicentín ocupa el 6to lugar entre las principales exportadoras de grano del país, representando en el último año el 8.7 % del mercado. Hay muchos indicios que muestran que la empresa fue llevada a esta situación de manera fraudulenta, fugándose gran parte del dinero que pidieron prestado, caso que está siendo analizado en la justicia.

Dado este panorama, el significativo tamaño de la compañía, su lugar estratégico en el mercado de exportación de granos y su deuda enorme (sospechada de haber sido tomada de manera espuria) con una entidad pública, el Gobierno decide anunciar la intervención por decreto, con el fin de salvarla y proceder luego, vía proyecto de ley, a expropiarla.

Luego de este anuncio empezaron a verse, en la opinión pública y medios de comunicación, diferentes visiones e interpretaciones sobre la legalidad y constitucionalidad de lo propuesto por el Gobierno. Pero, como ya estamos acostumbrados, las diferentes opiniones basadas en argumentos legales o técnicos no fueron aquellas en las cuales los medios masivos de comunicación se basaron para generar un debate, si no que las disidencias a  la propuesta se basaron en anunciamientos como: “ No a la expropiación de Vicentín, no queremos ser Venezuela” , “ Empiezan por Vicentín y siguen con tu empresa”,  “ No al comunismo, no a la Expropiación”, entre otras del mismo calibre, potenciadas en el campo de batalla de los trolls y los 200 caracteres.

Había que bucear mucho para encontrar algún medio que muestre que en la planta de Vicentín en San Lorenzo (localidad Santafecina) los 500 trabajadores que trabajan ahí se manifestaron, en la puerta de la empresa, a favor de la intervención del Gobierno, porque veían resguardadas sus fuentes de trabajo. En los medios masivos de comunicación se mostraba la “pueblada” de Avellaneda en defensa del “campo”, “la propiedad privada”, y de “la Patria”, a favor de una empresa que fraudulentamente se endeudó por 150 veces el presupuesto de toda la localidad.

La derecha neoliberal ha sabido, desde la construcción de discursos y lo lingüístico, expresar slogans que parten de premisas totalmente falsas que son repetidas a diario y, apoyadas por los medios de comunicación, se instalan como el verdadero y único “sentido común”. Esta paradoja es muy peligrosa, porque una vez instaurada en la forma de informarse y razonar de cierto sector de la sociedad, pasa a ser un acto reflejo más allá de los medios que la propagaron. Así, ese “sentido común” único y verdadero, partido de premisas falsas, se vuelve base de toda interpretación de la realidad social, económica y personal de los ciudadanos.

Muchas frases y palabras (hoy en día podríamos hablar de” hashtag”) que poco tienen que ver con la derecha neoliberal son usadas a su favor, cambiándole profundamente el sentido y la esencia de las mismas, por mencionar algunos ejemplos: “La Libertad”, “La cultura del trabajo”, “El esfuerzo y el merecimiento”, “La Patria y la República”, “Respetar la Constitución”, “Justicia Independiente” “Independencia de Poderes”. Podríamos nombrar innumerables casos empíricos en los que la derecha neoliberal no cumple ni de cerca ninguna de las premisas anunciadas en este párrafo, más bien todo lo contrario, pero capitalizan discursivamente cada una de ellas.

De esta manera se van logrando el objetivo de orientar la opinión pública hacia donde más les conviene, es de este modo que “Doña Rosa” o “Don José” terminan asumiendo como verdad, y convencidísimos, que tienen que apoyar a Vicentín, una empresa privada al borde de la quiebra fraudulenta por parte de sus dueños, que le debe millones de dólares al Banco de la Nación Argentina (propiedad de “Doña Rosa” y de “Don José”) para defender la “libertad”, “respetar la constitución” la “justicia independiente” “no ser Venezuela” “no ser comunistas” y cuantos otros títulos que parten de falacias se nos ocurran.

Esta apropiación del “sentido común” va mucho más profundo que reacciones propiamente antiperonistas, como las que también se ven en las marchas de protesta que se vieron en el último tiempo. De la misma manera, un laburante de clase media de buen sueldo, o un dueño de una pyme con su auto nuevo y sus vacaciones en el exterior (pero también agotado de surfear las crisis económicas) se convence del discurso “que él, con sus impuestos está manteniendo a los vagos que cobran planes y no trabajan, y que a su vez son los grandes culpables del deterioro económico del país”.

Este tipo de argumentos, tantas veces escuchados y repetidos por personas que me arriesgaría a decir que no tienen “mala fe”, están viciado de desconocimientos y premisas falsas. Por mencionar algunas: los impuestos o que tipos de impuestos que pagan esa persona de clase media, pero también aquel que cobra un plan o no tiene trabajo. Tomando como ejemplo el IVA, un impuesto donde todos los ciudadanos pagamos el 21% sobre nuestras compras sin importar el ingreso que tengamos. Viéndolo desde este punto de vista, proporcionalmente, una persona que cobra un plan o no tiene trabajo está pagando mucho más impuestos que el dueño de una empresa multinacional. En cuanto a que “los que cobran planes no trabajan”, pocas veces conocen a alguien que cobre un plan, o que no trabaje y cobre un plan, muchos menos tuvieron la experiencia de entrar a un villa o barrio vulnerable y ver las necesidades que allí se pasan.

En ningún momento se plantean que aquellas empresas que hacen maniobras fraudulentas para no pagar impuestos, y además reciben subsidios de los Gobiernos locales que no son utilizados para los fines pactados, o se benefician con las grandes devaluaciones dado que exportan, son realmente los más peligrosos y los que generan los desequilibrios más grandes a nivel de cuentas públicas. Pese a todas estas cuestiones mencionadas, ese ciudadano clase media y laburante sigue afirmando esas premisas falsas, convencido de que lo está diciendo y pensando desde el más puro sentido común.

Claramente es injusto pretender que un ciudadano de “a pie” sepa, entienda o conozca conceptos de economía que en algunos casos pueden llegar a ser complejos. Por eso, el que la derecha neoliberal se haya adueñado discursivamente de un “sentido común” partiendo de premisas falsas, es sin duda dentro de “la batalla cultural”, la pelea clave y más difícil de presentar para el Campo Popular.

[1] Contador Público (UBA), Profesor de Secundaria Superior.

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