Volver a los discos que nos hicieron felices

Por Dylan E. D’Adderio[1]

Todo el tiempo sale música nueva. En un momento fue a través de los vinilos, luego vinieron los casetes y los CD’s, y hoy es el tiempo del streaming, un mercado dominado en gran parte por Spotify. Y aunque el medio mute gracias a los avances tecnológicos hay algo que difícilmente cambie: siempre volvemos a los discos que, en algún momento y por el motivo que fuere, nos hicieron felices. Ya sea por la letra, por la música, por su sonido, por lo que nos produce o por el momento emocional en que nos llegó, hay álbumes que nos marcaron, que volvemos a escuchar en reiteradas ocasiones y que nos permiten, tal vez, encontrarnos con aquella persona que fuimos.

En este caso traigo a colación cuatro discos que son esenciales en mi formación y a los que siempre, por esto o por aquello, regreso una y otra vez. Cuatro álbumes que me marcaron por su poética, por su música, por su humor e ingenio, y que son mi eterno retorno en cuestiones musicales.

Tu cicatriz en mí

Siempre es hoy (2002) de Gustavo Cerati. Un disco enorme de comienzos del siglo que mezcla rock y pop con electrónica. “Un álbum terriblemente variado” en palabras de su autor y que, como el buen vino, mejora con el paso de los años. Una mezcla de samples con instrumentos, sonido computarizado y voces de Gustavo que suenan más actuales que nunca. Es un álbum tranquilo y con algo de dance, tanto como para mejorar un día de lluvia, ponerlo en una juntada con amigos (siempre pospandemia) o escucharlo en solitario con auriculares y en una habitación para encontrar cada detallito: un riff de guitarra encubierto, una percusión disimulada, una referencia escondida, y así disfrutarlo cada vez un poco más. “Será la cura para todo, la cura para todo mal, que no merezcas” (“Sulky”), dice Cerati. Tal vez sea eso.

Este material toca temas profundos como la vejez, lo oculto, el desamor y lo hace con una lírica que recuerda a la poesía y que, si uno lo permite, llega al corazón; ya que además de lo bien hecho que está, es profundamente emocional. Sin darte cuenta vas a estar repitiendo que “todo lo profundo ama el disfraz” (“Camuflaje”), que “será la locura que nos hace bailar” (“Casa”) o que “el fin de amar es sentirse más vivo” (“Vivo”), mientras movés la cabeza de un lado a otro e interpretás una danza improvisada al compás del pulso.

Sobre “Karaoke” (una de las canciones que tuvo corte de difusión y videoclip), Cerati dijo en su momento que está “influida por la idea que yo tengo del pop hoy en día en dónde la mayoría de los artistas, desde Britney Spears a Bandana pueden cantar de todo y disfrutan haciéndolo” y que viene de la idea japonesa del karaoke. Otro dato interesante es que esta misma canción contiene un sample de la canción “La carta de Violeta Parra.

Este es, tal vez, el mejor trabajo del cantautor. Él lo definió como “íntimo e introvertido”: “no puedo escribir de otra cosa que no tenga que ver conmigo”, aseguró. Y sobre el lema del mismo afirmó que “en definitiva uno siempre está pensando en el futuro; mi disco se llama Siempre es hoy, no sé lo que va a ocurrir en el futuro con lo que haga hoy, pero cuando encuentro que eso sigue teniendo una buena lectura y cuando lo puedo poner y sentirme orgulloso de lo que hice y hay gente que viene y me cuenta que con este disco le pasó tal cosa… para mí eso es un éxito”.

Recomiendo empezar por Cosas imposibles”, “Karaoke”, “Sulky” y “Vivo(el material todo es un gran viaje). También cabe mencionar que este trabajo tuvo invitados como Charly García y Domingo Cura y utiliza samples, además del mencionado, de Led Zepellin, Captain Beefheart y The Damned.

Los que estamos orgullosos de no ser

Prueba y Error (2009) de Sebastián Monk. Este disco probablemente no sea tan conocido como el anterior, pero es igual de interesante. Sus letras son un poco más terrenales y prácticamente son cuentos musicalizados en donde el humor, el disparate y la cotidianidad juegan un rol central. “Mi premisa es que no tenga que explicar de qué se trata cada tema. Absolutamente todo lo que quiero poner está metido en la letra… es más, cuando tocamos en vivo, si digo algo antes del tema es precisamente lo contrario, algo que no aporta nada sobre lo que es la canción en sí”, afirmó el compositor sobre su obra. El álbum incluye (pero no mezcla) géneros como el candombe, el vals, la bossa nova y varios ritmos rioplatenses.

Este trabajo retoma y reafirma la figura del perdedor, del looser, sobre todo en el tema presentación donde dice “aquí vamos los que nunca fuimos nada, los que odiamos la palabra vencedor” (“Abran cancha). Monk manifestó que le gusta la derrota como hecho estético. “No sé: muchas historias nacen de ver esos pibes que se frustran en las Olimpíadas por una pavada, loco, por ver quién tira un palo más lejos que el otro. Me parece que el deporte no evalúa el trayecto sino el logro, y el trayecto está buenísimo”, señaló.

El álbum trae una particularidad: cada canción tiene a un artista invitado y un género distinto. Al momento de escribir los textos, el artista incluyó una ambientación sonora determinada y le gustó que fuera variado. “Si bien los discos de unidad son buenos, intuí que lo mío iba más por lo ecléctico: como ese casete que grababas cuando eras chico en lo de tus amigos y tenías un tema de Emerson, Lake & Palmer y después uno de, qué sé yo, Baglietto. Mi disco es un poco de eso”, remarcó.

Sus temas tratan desde un cartero que lleva los mensajes a través de su silbido “con buena caligrafía” (“Nuestro cartero”), una hinchada de fútbol que le pide a sus jugadores que vayan para atrás porque no les gusta la victoria, un jugador frustrado que se dedica a tocar el saxofón, que al final “resultó ser futbolista que juega a tocar el saxo” (“Gol y parranda”), un baterista que vuelve loco a todo el barrio y que “ha dejado a los amigos y el colegio, ya no come ni se quiere ir a bañar” para poder tocar (“El baterista”) y una alumna que tiene un affaire con su profesor de piano, entre otros. Algunos invitados son Leo Masliah y Alejandro Balbis y Gillespi.

Recomiendo empezar por “Abran cancha”, “Su mejor alumna” y “Se canta”.

Bienvenida de mates y gorriones

13 canciones para mandinga (2009) de La guardia hereje. Todavía (y cada vez que lo escucho) se me eriza la piel cuando lo reproduzco. “Señores: vuelve el tango; y que vuelva nomás”, proclama en su introducción, finalizando con un “y que bufen los eunucos”. “Alguien lo dio por muerto, ¡qué locura! Si era siesta, nomás, la que dormía” (“Vuelve el tango”).
Este es un disco atravesado por el tango, pero también por géneros rioplatenses diversos como la milonga, el vals criollo y hasta un chamamé. “Todo lo que hacemos se enmarcaría dentro de la canción rioplatense”, dijeron sus autores. Su obra toca temas cotidianos tratados con una profundidad poética y un humor satírico con cierta similitud al disco de Monk. En este trabajo podemos escuchar temas comunes de la lírica tanguera: la soledad, el desamor, los compadritos, las cábalas, la desdicha, la melancolía, los bacanes y los perdedores, pero reinventadas y actualizadas a los tiempos que corren con una retórica dura y frontal: “dale que va, ¡bancátela!” (“La cría del plata”) y con un lunfardo contemporáneo. A pesar de ser un disco de “tangos y otras yerbas”, como lo definen ellos, tanto la formación como los arreglos y la entonación nos emiten al rock. “Nuestro público es un público de rock, no de tango”, apuntó en su momento “El gordo” Alorsa, cantante de la banda fallecido en 2009.La formación consta de apenas dos guitarras, una percusión y la voz, que se funden y complementan de tal modo que no le hace falta nada más; perfecto y minimalista.

Una de las canciones habla de un “sanatero” que “sin que se avivara el del buffet, él vendía frola chegusán en el colegio” (“Buscavidas”), otra, en sintonía similar, proclama que “yo sé que te dicen en el barrio que yo soy una veleta, si fue el buchón del panadero, ya le voy a ir a garpar a ese, decile” (“Injurias”). Otra recorre las calles de la Ciudad de La Plata, la “Capital de la milonga y de la catedral más cara, de pinchas y de triperos, de oficina y Facultad” (“Calavera platense”). Pero también tiene tiempo para ponerse sentimental y cantar una canción de cuna para su madre: “dormite vieja, que hoy yo te canto para que te duermas vos” (“Canción de cuna para mi vieja”) o para preguntarse “no sé si soy feliz o algún boludo alegre más: el tango me hizo así” (“Canción para mandinga”). Y siempre hay tiempo para alguna canción futbolera de plaza o rambla en donde “un árbol que juega de wing devuelve la pared” (“Sin orsai”).

Recomiendo comenzar por “Vuelve el tango”, “Cabulera”, “Buscavidas” e “Injurias”.

Catinguda y oriental

Gurí (2016) del Cuarteto Ricacosa. En este caso cruzamos el charco y hablamos de una banda uruguaya. Este disco tiene una línea conductora que es el tango, la milonga y el vals con una instrumentación muy cuidada y un sonido muy limpio, que se presta para escucharlos con equipos de música potentes que permitan oír todos los detalles y los arreglos de las tres guitarras y el guitarrón que conforman este cuarteto.

Tiene un sonido que evoca a lo campechano, pero también a la ciudad, con ese léxico de antaño y al mismo tiempo actual, con los punteos de la guitarra, de fogones y serenatas y juntadas con amigos. Suena a la madera y al mate, amargo, como debe ser. Nos trae a Uruguay, pero también a Argentina, con sus milongas y sus tangos; a la región pampeana, a la banda oriental y también a cuyo y sus contrapuntos. Como es habitual en sus trabajos, algunas de las canciones son puramente instrumentales, demostrando no sólo que tienen buenas letras, sino que también son grandes instrumentistas que se complementan muy bien, y que a veces la música no necesita de la literatura para ser disfrutada.

Sus letras evocan a personajes odiosos, olvidados, lo “feo”, a la calle, al barrio, lo cotidiano; en ese sentido son similares a La guardia hereje. “Medio chapado a la antigua parecés: vos sos un tango, hermano ¿qué querés que te diga? el cinto en la barriga al estilo de Soler” (“Chapado a la antigua”), “Soy una mezcla de seda y de trapos, no lo niego” (“Sueño de tango”), “Igual que tu abuelo, vidalita, naciste en un rancho” (“Del sentido humano”) o “la barra que se junta a fumar en la esquina ya te sacó la foto y a coro te gritó: sos tremendo buchón, no servís ni pa’ milico” (“Alma de botón”).

Además, la banda afirma que el tango viene de lo más “reo” de nuestra sociedad. “Nosotros tocamos esta música porque es la que más nos gusta, no buscamos renovar nada, sale así y es lo que hay, nuestras canciones o tangos hablan como nosotros, por más que muchas veces las generaciones de hoy usamos palabras, dichos y refranes de los años ’20, lo que pareció siempre atraer y sorprender al público fue la actualidad de estos tangos”, expresó Martín Tejera, su cantante.

Recomiendo comenzar por “Chapado a la antigua”, “Alma de botón” y “Mate amargo”.

Como dice la canción “Volver”, de Carlos Gardel, “siempre se vuelve al primer amor”. En este caso, siempre se vuelve a los discos que nos hicieron felices. Y estos fueron cuatro de los discos a los que siempre regreso. Mis cuatro trascendentales. Mis cuatro viajes. Mis cuatro recomendaciones.

Les dejo mi lista de Spotify con algunos temas elegidos de los discos mencionados: https://open.spotify.com/playlist/6sv3b5L5EM1fNxAVK1s8Gi?si=VJYNnQifTxiCmzq96WQedw

*La portada recupera el arte de tapa de los discos de los que hablo en la nota

PD: no agregué ninguno de La guardia hereje a la lista porque no están subidos, pero se pueden encontrar en Youtube o Soundcloud.


[1]     Periodista Deportivo y estudiante de Licenciatura y Profesorado en Comunicación Social (UNLP)

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