Diez años después

Por Dylan E. D’Adderio[1]

Hace diez años, en el 2010, el mundo era un lugar distinto. Para algunos nostálgicos de esos a los que les gustan los dichos populares, siempre es mejor lo anterior, ya que “todo tiempo pasado fue mejor”. Para otros, más esperanzados u optimistas, “mañana es mejor”, como grita Spinetta en su “Cantata de puentes amarillos” (1973). Lo cierto es que en aquel mundo, diferente en algunos aspectos y parecido en otros, convivían -como siempre sucede- los vestigios del pasado y las semillas del futuro. Vayamos por partes.

En el terreno audiovisual encontrábamos películas en el cine como Inception, de Christopher Nolan, o Toy Story 3, de Pixar y Disney. Breaking Bad iba por su tercera temporada y Doctor House estaba cerca del final. La Playstation 2, mítica consola de videojuegos, seguía más vigente que nunca por estos lares con sus juegos a $5 -a pesar de que ya había salido la 3-. Facebook era la red social por excelencia y Twitter apenas parecía un nuevo canal de información para los famosos. El celular entre los adolescentes era el Nokia 6131, aquel negro y gris con tapa que tenía memoria de 12 megabytes y doble pantalla, o el 5200, armatoste rojo y blanco con diseño deslizante. La versión de Android apenas era la 2.2 -llamada Froyo- y Apple lanzaba su cuarta generación de Iphone; todavía se usaban los mp3 y mp4.

En los noticieros veíamos informes sobre las “tribus urbanas”: los “floggers” y los “emos”. Los memes de internet eran “forever alone”, “me la suda” o “troll face”, y ya se empezaban a hacer masivos. Taringa! era una página de descargas y decirle “zurdito” a alguien como insulto largaba olor a naftalina vencida. En la computadora teníamos instalado el Windows 7 y Wikipedia era una fuente poco confiable porque “cualquiera la podía editar”. Los CD’s eran la mejor manera de escuchar música y los DVD’s de reproducir películas, aunque ambos soportes ya estaban en clara decadencia.

En el 2010 también se jugó el Mundial de Sudáfrica, aquel en el cual tuvimos a un tal Diego Armando Maradona como director técnico del seleccionado y a un joven Lionel Messi como emblema del equipo; aquel que nos ilusionó hasta que nos chocamos contra esa pared llamada Alemania y nos liquidó el sueño de consagrarnos nuevamente con un rotundo y categórico 4 a 0. En el ámbito local Boca venía de temporadas irregulares, San Lorenzo nunca había ganado la Libertadores y River aún no había descendido. Del torneo argentino salieron campeones Estudiantes y Argentinos Juniors, cuando todavía existían los torneos cortos: Apertura y Clausura. El Inter de Milán de Mourinho, con los argentinos Diego Milito, Walter Samuel, Javier Zanetti y Esteban Cambiasso, se consagraba campeón de la Champions League frente al Bayern Munich de Alemania. El Inter, pero de Brasil, hacía lo propio en la Libertadores de la mano de Andrés D’Alessandro. Ese año la FIFA anunció las sedes del Mundial 2018 en Rusia y del 2022 en Qatar.

Luis Alberto Spinetta seguía vivo y haciendo música y Gustavo Cerati daba su último recital el 15 de mayo. “Hasta abajo”, de Don Omar y Daddy Yankee, sonaba en todas las radios y en los canales de música de la televisión, cuando todavía los videoclips no habían pasado a ser parte del recuerdo. Cristina Fernández era la Presidenta de la Nación y Néstor Kirchner moría aquel 27 de octubre, durante la jornada del Censo Nacional. El sueño de la Patria Grande seguía más vigente que nunca junto a los Lula da Silva, Evo Morales, Rafael Correa y Hugo Chávez. Apenas había pasado un año de la pandemia de gripe A y Estados unidos era la potencia indiscutida, dando la sensación de que así lo sería por varias décadas más -y tal vez el siglo entero-. El dólar cerraba a 4,01.

Si diez años después te vuelvo a encontrar en algún lugar, no te olvides que soy distinto de aquel, pero casi igual”, decían Los Rodríguez en su canción “Diez años después” (1995). En mi caso, todavía no había terminado la secundaria y aún no me decidía qué carrera seguir. El “bondi” para ir a la escuela me costaba $1,10 y aún el boleto se pagaba con monedas. Las nuevas temporadas de Los Simpsons ya no eran tan graciosas y todavía odiaba las verduras. Conocí la feria del libro, me llevé Crónica de una muerte anunciada (1981), de Gabriel García Márquez,y fue la primera vez que me tomé el subte, y también que me perdí en Capital.

Hoy, diez años después, me pregunto si aquel adolescente de 16 años estaría contento de la persona en que se transformó, o si siquiera imaginó algo de todo lo que pasaría en la década venidera. Lo más probable es que no; el futuro es siempre incierto. Y lo máximo que podemos hacer para viajar al pasado es recordarlo, de la manera que fuere, y a veces hasta distorsionándolo según los parámetros actuales. Quién sabe, a lo mejor lo único que nos queda siempre es el presente.


[1] Periodista Deportivo y estudiante de Licenciatura y  Profesorado en Comunicación Social (UNLP)

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