El fenómeno Twitch y los nuevos hábitos de consumo

Por Juan Ignacio Lago

A nueve años y monedas de su lanzamiento, Twitch no es precisamente el fenómeno más novedoso de la actualidad. Sin embargo, su crecimiento sostenido en los últimos años captó la atención de todo tipo de creadores de contenido y, en consecuencia, de un público que ha ganado diversidad. Cada vez son más quienes incursionan en esta plataforma de streaming que también cuenta con la posibilidad de ver algunos de sus directos en diferido, pero sin duda alguna la transmisión en vivo es su atractivo principal.

Aunque se la asocia de manera recurrente con los videojuegos y el mundo del gaming, dentro de la plataforma conviven propuestas variadas tanto de streamers como de profesionales de distintas áreas. Diseño gráfico, programación, podcasts, gente cocinando, charlas sobre arquitectura, dibujantes y artistas plásticos mostrando su proceso creativo, raperos practicando freestyle y así podríamos seguir enumerando ejemplos durante mucho tiempo

Pero más allá de lo interesante que pueda ser adentrarse en el contenido, mi intención es reflexionar sobre las formas. Más precisamente, sobre aquellas prácticas que considero representativas de los hábitos de consumo en la actualidad.

Atención fragmentada

Quienes están detrás del diseño estratégico de redes sociales y aplicaciones saben que nuestra atención es un bien preciado que no cederemos fácilmente. Es entonces que aparecen los videos cortos, las noticias escritas en pocos caracteres o las imágenes que se visualizan en segundos y a las 24 horas desaparecen. En este nuevo ecosistema de pantallas nuestra atención está dividida.

Twitch convive bien con esta lógica. La atención que demanda no es necesariamente exhaustiva, incluso cuando las transmisiones pueden ser extensas, superando por mucho la duración de una película que se consideraría eterna (te estoy viendo a vos, The Irishman). El caso es que, a diferencia del cine, la transmisión en vivo no te exige estar en cada detalle para poder seguir el hilo conductor y puede tranquilamente ocupar un rol de fondo, de “acompañamiento”, mientras realizamos otras tareas —lo que se conoce de manera cool como multitasking, digamos—.

Por supuesto, esto no quiere decir que un tipo de consumo sea mejor o peor que otro, ni tampoco que sean excluyentes dentro de una misma dieta mediática. Por el contrario, habrá tiempo para Twitch y tiempo para Scorsese.

Prosumo, luego existo

Lo anticiparon McLuhan y Barrington a comienzos de los 70 y más tarde Toffler le daría un nombre al fenómeno en 1980. Hablamos de los prosumidores (acrónimo de productor+consumidor), un término que se utiliza para describir los hábitos y las prácticas de los usuarios en estas últimas décadas. Una palabra clave que trata de explicar el rol de los consumidores dentro de una industria cultural atiborrada de producciones que surgen de los márgenes: fanfictions, fanarts, covers, memes, guiones alternativos y una larga lista de etcéteras.   

En parte, las nuevas tecnologías y sus dispositivos potenciaron a ese público que consume, pero también produce. Seríamos ingenuos al creer que esto es suficiente para equilibrar la balanza en una relación tan asimétrica y desigual como lo es la de la industria con los consumidores o la del canon con el fandom, pero algo está claro: no solo queremos que nos cuenten historias, también queremos contarlas.

Siguiendo con esta línea, Twitch permite hasta cierto punto que los espectadores se desplacen de un rol pasivo a uno protagónico. Ese dinamismo lo aporta principalmente el chat en vivo, en donde los usuarios dialogan con el streamer y con el resto de los usuarios. No obstante, las opciones que posee la plataforma no se limitan a chatear. Los usuarios también pueden participar de encuestas, proponer emojis personalizados para el canal o crear clips (recortes breves de la transmisión que se comparten con la comunidad), por dar algunos ejemplos. Prácticas que dan cuenta de esta nueva impronta, en donde el contenido de la plataforma no se completa sin la participación de una comunidad, que consume, pero a la vez aporta al producto final.

Hacia un nuevo paradigma de lectura

En la actualidad existen nuevos modos de leer, caracterizados principalmente por la convivencia y la hibridación de medios, textos y formatos. Estamos acostumbrados a saltar de un punto a otro. Leer una nota mientras hacemos un click, abrimos pestañas y complementamos eso que estamos leyendo con otras notas, videos, música o recortes de audio que a veces el mismo autor o autora nos recomienda. En otras ocasiones somos nosotros los que decidimos hacerlo ya sea para comprender mejor o por mera curiosidad.

En Hacia una antropología de los lectores (2015) García Canclini señala que, en este escenario, la relación que el lector tiene con el texto principal es dinámica, permitiéndole pasar de un texto a otro decidiendo así su propia experiencia de lectura, personalizada e interactiva. Es decir, cada usuario confecciona su hoja de ruta para abordar y disfrutar aquello que está leyendo. A esto Francisco Albarello lo define como lectura transmedia: una práctica multimodal, que incluye todo tipo de textos (escritos, visuales, sonoros o lúdicos) y de soportes, en donde conviven y se complementan estrategias de lectura y escritura (Albarello, 2019).

Tanto en Twitch como en plataformas similares, conviven estímulos y textos, como así también se entrelazan lógicas de consumo y de producción. Las interfaces digitales y las prácticas que las acompañan tienen mucho ver con este paradigma de una lectura y de un consumo distinto al que conocemos, que posee sus propias características y particularidades.

Muy probablemente existen en Twitch otras singularidades para analizar o bien otras lecturas posibles para entender mejor a la plataforma y su crecimiento. Pero, en definitiva, lo que considero importante es reflexionar en torno a estas nuevas experiencias, en donde se ponen en juego subjetividades y maneras de entender el entretenimiento, el consumo y la producción, entre otras cosas. Poder acercarnos sin prejuicios nos va a permitir entender un poco más y mejor algunos de los fenómenos comunicacionales de la actualidad y, por qué no, de los que vendrán.

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