Lo personal no es político, lo político es mi persona

Por Agostina Díaz[i]

Muchas autoras como Nancy Fraser y Judith Butler[1], han realizado aportes en la discusión sobre redistribución y reconocimiento. El aislamiento y el contexto pandémico han reforzado esta temática desde las redes sociales.

Hay quienes siguen sosteniendo que mientras discutimos cómo queremos que nos vean, situamos en el ámbito privado las discusiones sobre redistribución, que son las que verdaderamente importan. Para otras posturas, el debate todavía está abierto. Hay grupos que no pueden distinguir una esfera de otra, puesto que la elección de su identidad, por ejemplo, remite indisociablemente en privaciones y marginaciones sociales y económicas.

Posicionándonos en esta disputa y por medio de un lema feminista de los setentas, vamos a analizar el ensimismamiento social, por medio del cual encerrarnos en nosotros mismos y nuestras creencias dificultan la constitución de demandas claras al Estado y un abordaje profundo (corriendo el escenario político al plano moral).

Lo personal es político

La frase surge en el año 1969 y se convirtió en una consigna para los movimientos feministas de los años setenta, la irrupción de llevar lo que acontece en el terreno personal al ámbito público fue revolucionario, ya que se combinaba el plano material con el identitario- subjetivo, afirmándose como político.

Las vulnerabilidades que acontecían en el ámbito privado fueron desnudadas en lo público y problematizadas políticamente, lo que devino en distintas políticas públicas y logros del movimiento feminista.

Con los aportes teóricos de Judith Butler pudimos comprender que la necesidad de reconocimiento no solo revolucionaba la realidad de las mujeres cis[2], sino también las de las disidencias, para las cuales lo personal es político constantemente porque la elección de su sexualidad, su identidad, son debatidas, censuradas y castigadas pública, social y económicamente.

Esta frase es nuestro desencadenante. La facilidad de ser adaptada y resignificada reside en la posibilidad de utilizar la idea de “personal” como sinónimo “particularidad” en constante ruptura con el común. De esta forma, lo político se identifica en la diferencia por medio de la distinción con el otro.

No importa la temática, la forma en la que devino esta interpretación repercute en un sinfín de discusiones que tienen como característica principal la multiplicidad de opiniones y que se enuncian sin un objetivo de intercambio, simplemente para agrandar aún más el espectro de las diferencias. Lo curioso no es que haya posiciones diferenciadas. Lo característico y llamativo es que en la discusión todo vale, porque lo que diga el otro pasó a segundo plano, es fructífera siempre y cuando todos podamos decir lo que queremos como queremos.

Lo que importa es pronunciarse: la moral y la condena pública

Esta forma de interpretar el lema privilegiado por los feminismos en los años setenta, se transformó hoy en un activismo individual, con la necesidad de afirmar definiciones sobre la propia vida, algo así como confundir lo público per se con lo político.

La temática no se agota en el debate sobre reivindicaciones que entendemos bajo la agenda de los feminismos, o sobre géneros y las diversidades. Este modo se ha visto trasladado a cualquier ámbito, logrando ligar bajo discursos de lo más conspirativos, interpretaciones que pretenden apelar a lo universal. Así, nos movemos sin parar en debates que abren cada vez más teorías en función de la experiencia y la interpretación aislada: todos tenemos algo para decir, no importa el tema.

Las consignas que escuchamos sobre la pandemia y las posiciones en torno a la cuarentena, grafican este escenario: Nos explican por qué no debemos vacunarnos, argumentamos el por qué del “poliamor”, sobre la “toxicidad” de las relaciones, si somos más libres si adelgazamos o si nos queremos como estamos, al mismo tiempo de explicar cómo nos espían a través del 5G.

Más allá del carácter heroico en el cual pretende ser enmarcado y la incitación por parte del partido de Juntos por el Cambio y PRO, las movilizaciones protagonizadas por los anti-cuarentena[3] (en pleno pico de contagios frente a una pandemia) buscan afirmar una postura personal arriesgando la propia vida. De esta manera, nos dejan en claro que lo que importa es pronunciarse, afirmar lo que yo creo, vivencio, veo, interpreto porque lo político es mi persona.

La manifestación, además de graficarse un sector opositor a la cuarentena dispuesta por el Presidente de la Nación, evidenció una multiplicidad de discursos que tenían como característica la afirmación pública de la opinión individual. Es una cuestión para discutir y debatir si estas pueden ser llamadas demandas, dado que no existe un pedido concreto al Estado, y es solo una oposición a una medida y una expresión por medio de carteles, frases, gritos, de opiniones personales sobre temáticas de lo más diversas. 

Por último, es importante resaltar en este compendio de pensamientos compartidos a modo de artículo, que lo más trágico y peligroso de esta novela es convertir el debate público en moral donde el castigo sea la condena pública, ya sea a modo de burla o persecución.


[i] Politóloga (UNLaM)

[1]Watkins, S.(Ed). (2016). ¿Redistribución o reconocimiento? Un debate entre el marxismo y el feminismo, Judith Butler, Nancy Fraser. Traficante de Sueños.

[2] Mujer u hombre que vive de acuerdo al género y sexo asignado biológicamente.

[3] Si bien es el nombre que reciben todos aquellos que marchan para que finalice el aislamiento dispuesto por Alberto Fernández, hacia adentro de este grupo se encuentran posiciones diversas: grupos neonazis, terraplanistas, antivacunas, anti feministas, etc.

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