QAnon: la conspiración que quiere ser gobierno

Por Leticia Leibelt* y Lautaro Perez

Del foro virtual al peligro real

QAnon (Q Anonymous) es una teoría conspirativa de la extrema derecha estadounidense abrazada por millones de personas en ese país y en el mundo. Alega que hay una red internacional de trata y tráfico sexual de niños – varios de sus integrantes serían además seguidores de satanás – que está conspirando contra el presidente Donald Trump, quien, según explican, los está combatiendo. QAnon acusa a muchos actores de Hollywoodpolíticos demócratas y funcionarios de alto rango de ser miembros de la perversa red.

Todo comenzó en el año 2017, con una publicación en el “foro” 4chan. Bajo el nombre de “Q”, un usuario anónimo hizo una publicación en la que alertaba a la sociedad sobre un evento inminente que sucedería durante la administración de Trump, en el que miles de presuntos sospechosos serían arrestados, encarcelados y ejecutados. El nombre “Q” implicaba que tenía la “autorización Q” de seguridad del Departamento de Energía de Estados Unidos, aval necesario para acceder a información ultrasecreta sobre armas y materiales nucleares.

En 2018, el FBI determinó que QAnon era una fuente potencial de terrorismo doméstico: fue la primera vez que la agencia federal calificaba de esa manera a una teoría conspirativa. El memorándum del FBI advertía que estas teorías avivan la amenaza de violencia extremista, especialmente cuando las personas que “afirman actuar como ‘investigadores’ señalan a personas, empresas o grupos, a los que acusan falsamente de estar involucrados en el esquema imaginado”.

En mayo de 2018, un tal Michael Lewis Arthur Meyer transmitió un Vivo de Facebook desde una planta de cemento en Tucson, Arizona. El hombre afirmaba que ese lugar era “un campamento de tráfico sexual infantil del que nadie quiere hablar, del que nadie quiere hacer nada”. El video tuvo 650 mil visualizaciones durante la primera semana. La policía de Tucson inspeccionó el lugar sin encontrar evidencia de actividad criminal, pero Meyer volvió al lugar en julio, tras lo cual lo llevaron preso por violación de domicilio. En su perfil de Facebook, hizo referencia a QAnon y al hashtag #WWG1WGA, siglas que en inglés significan “donde va uno, vamos todos”.

Un mes más tarde,en junio de 2018, Matthew Phillip Wright, de Henderson, Nevada, fue arrestado en la presa Hoover por bloquear el tránsito con un camión blindado y portar un fusil de asalto AR-15. Wright exigía la publicación de un informe del Inspector General sobre los correos electrónicos de Hillary Clinton. Previo al arresto, se filmó en el camión diciendo que Trump lo había decepcionado, por no cumplir con el deber de “encerrar a ciertas personas”, y le pidió que “mantuviera su juramento”.

Los casos siguieron. En diciembre de 2018, Matt Patten, un sargento veterano del equipo SWAT del condado de Broward, en Florida, fue fotografiado con el vicepresidente Mike Pence en la pista de un aeropuerto. Patten llevaba un parche en su chaleco táctico, con letra “Q”. La imagen fue tuiteada por la oficina del vicepresidente y luego se volvió viral en la comunidad de QAnon. Al advertir la gravedad de esto, el tweet fue eliminado rápidamente y Patten fue degradado.

Marzo de 2019. Anthony Comello de Staten Island, Nueva York, fue acusado por el asesinato del mafioso Frank Cali, subjefe de la familia criminal Gambino. El abogado de Comello dijo que su cliente estaba obsesionado con la teoría QAnon y creía que Cali era miembro del “Estado Profundo”, nombre que dan a los funcionarios del Estado que pertenecerían a la red de trata de niños y que conspirarían contra Trump. Comello estaba convencido de que tenía “protección del propio Donald Trump” para poner a Cali bajo “arresto ciudadano”. En el juicio, mostró símbolos y frases de QAnon, entre ellas “MAGA para siempre” (Make America Great Again, el slogan de campaña de Trump).

Agosto de 2019. Se anunció la “Conferencia de Soldados Digitales” en Atlanta,  destinada a preparar a los “guerreros patrióticos de las redes sociales” para una próxima “guerra civil digital”. Entre los oradores del evento se incluían los ex ayudantes de Trump, Michael Flynn y George Papadopoulos; Gina Loudon, amiga de Trump y miembro de la junta asesora de medios de su campaña; y Bill Mitchell, locutor y fanático de Trump.

Abril de 2020. Jessica Prim fue apresada en la ciudad de Nueva York portando varios cuchillos después de transmitir en vivo su deseo de eliminar al candidato presidencial Joe Biden. El perfil de Facebook de Prim estaba lleno de referencias a QAnon y animaba a sus seguidores a ver las “pistas” que deja “Q”. En un video publicado horas antes de su arresto, habló sobre otro supuesto video en el que creía que se veía a Hillary Clinton y un asistente asesinando a un niño.

Julio de 2020. Michael Flynn, ex teniente general, jefe de la Agencia de Inteligencia de Defensa y asesor de seguridad nacional de Donald Trump, compartió un video en donde lideraba un pequeño grupo que realizaba una jura con el lema de QAnon, “donde va uno, vamos todos”. El juramento formaba parte del reclutamiento de los “soldados digitales”.

Batalla digital: El avance en las redes

En octubre de 2017, El usuarioQ” realizó la primera publicación en 4chan, a la que ya hicimos referencia. Luego se trasladó al “foro” 8chan, para terminar publicando en 8kun.

En marzo de 2018, Reddit (red social subdividida en foros con distintos tópicos, para compartir información y debatir) prohibió hablar de QAnon en una de sus comunidades, por “alentar o incitar a la violencia y publicar información personal y confidencial”. A raíz de esto, algunos seguidores se trasladaron a Discord, una plataforma destinada a crear grupos de chat para diferentes juegos. Pero en septiembre se realizaron nuevas prohibiciones en Reddit y eso llevó a miles de usuarios a registrarse en Voat, una especie de clon suizo de Reddit, conocido por contener muchos usuarios ultraderechistas.

Después, se dio el paso hacia los celulares. En abril de 2018 se lanzó en App Store (Apple) y Google Play (Android) la app “QDrops” (“pistas Q”), que promovía la teoría de QAnon. Se convirtió en la aplicación paga más popular en la sección de “entretenimiento” de la tienda de Apple ese mismo mes, y en la décima aplicación paga más popular en general. En julio, ante una denuncia de NBC News, Apple debió darla de baja.

Septiembre de 2019. Donald Trump retuiteó por primera vez un video alusivo a QAnon, titulado “The Dirty Truth” (“La sucia verdad”). El video criticaba a James Comey, ex director del FBI.

Noviembre de 2019. El director de redes sociales de Trump, Dan Scavino, tuiteó diversos memes procedentes de QAnon, que indicaban la cuenta regresiva para “La Tormenta”, es decir, el día en el cual se encarcelaría a los sospechosos detrás de esta supuesta red de pedofilia.

Junio de 2020. “Q” pidió a sus seguidores que realizaran un “juramento de soldados digitales” y miles lo hicieron utilizando el hashtag #TakeTheOath (“toma el juramento”) en Twitter.

Julio de 2020. Twitter prohibió miles de cuentas vinculadas a QAnon y cambió sus algoritmos para reducir la difusión de la teoría. Media Matters for America, una ONG progresista que analiza diversos medios, examinó 380.000 tuits enviados entre abril y mayo. Según el estudio, QAnon está jugando un rol clave en la generación y difusión del programa de Trump. En otro análisis de la misma ONG se informó que Trump había amplificado los mensajes de QAnon al menos 201 veces, retuiteando o mencionando 114 cuentas de Twitter vinculadas a la conspiración.

Agosto de 2020. Un reporte interno de Facebook encontró millones de seguidores de QAnon en miles de grupos y páginas. A través de su política de Organizaciones y Personas Peligrosas, esa red actuó para eliminar y restringir la actividad de algunos de ellos. Sin embargo, estas medidas no llegaron hasta recibir una fuerte presión de sus principales anunciantes, como Coca-Cola, que no querían ver sus anuncios vinculados con grupos extremistas.

QAnon y los republicanos: Campaña 2020 Más de una docena de republicanos que actualmente se postulan para el Congreso han mostrado diversos grados de apoyo a QAnon. Jo Rae Perkins, candidata al Senado por Oregon, tuiteó un video en la noche de su victoria en las primarias, donde se la ve sosteniendo una calcomanía con el #WWG1WGA (donde va uno, vamos todos). Además, dice: “Estoy con el presidente Trump. Estoy con ‘Q’. Gracias Anons, gracias patriotas. Juntos podemos salvar nuestra república“. Un mes después, subió otro video con el juramento de “solados digitales”.

Marjorie Taylor Greene, una mujer de negocios, triunfó en la segunda vuelta para convertirse en la candidata de Trump por el distrito de Georgia, fuertemente republicano. Su competidor era tan conservador y pro-Trump como Greene, pero no compartía su creencia en QAnon y se burlaba de la teoría conspirativa. Greene había declarado en una grabación que “hay una oportunidad única en la vida de sacar a esta camarilla global de pedófilos adoradores de Satanás, y creo que tenemos al presidente para hacerlo”. Trump respaldó su candidatura el día después de su nominación.

Scott Tipton actualmente es congresista en representación del Estado de Colorado pero, en su búsqueda por renovar la banca, perdió las primarias ante Lauren Boebert, quien antes de la elección expresó su apoyo a QAnon.

Este año, el Partido Republicano de Texas cambió su lema por “Somos la Tormenta”, inspirado justamente en el nombre que le puso QAnon al día en el cual se encarcelarían a los sospechosos detrás de esta supuesta red de pedofilia. Los texanos Incluso invitan a sus partidarios a enviar un SMS a “STORM2020” (TORMENTA2020) para recibir noticias del partido.

Por su parte, Peter Navarro, asesor de Trump en la guerra comercial con China, acusó a científicos de la FDA (la administración de medicamentos y alimentos del Gobierno) de ser parte del “estado profundo” (funcionarios de Estado que pertenecerían a lared de trata),acusación que días después repetiría el primer mandatario.

Pero no todas las voces dentro del Partido Republicano son a favor de QAnon. Liz Cheney, la representante de Wyoming, calificó a QAnon como “”una locura peligrosa que no debería tener lugar en la política estadounidense”. El senador Ben Sasse, de Nebraska, dijo: “Los partidarios de QAnon están locos. Si los demócratas toman el Senado, será en gran parte por esto”. Adam Kinzinger, representante por Illinois, tuiteó que QAnon era una “invención que no tiene lugar en el Congreso”, lo que le valió una pelea con Matt Wolking, miembro de alto rango del personal de la campaña de Trump, quien le retrucó que debería centrarse en “teorías conspirativas impulsadas por los demócratas”. Más que cualquier candidato Republicano al Congreso, son Trump y sus asesores de campaña quienes están normalizando QAnon dentro del Partido Republicano. Con el Coronavirus al acecho, ningún votante es demasiado extremo para ser ignorado.

La gamificación de la teoría

Parte de la “magia” detrás de QAnon es presentar la teoría conspirativa en forma de juegos. Los seguidores intentan resolver acertijos a través de “Qdrops” (pistas que deja “Q” en 4chan/8chan/8kun) y cuyo objetivo es conectarlos con discursos y tweets de Trump u otras fuentes. Algunos creen que estas “pistas encriptadas” las deja el “Q-Team”, un grupo de inteligencia militar preparado por Trump para combatir contra el “Estado Profundo”, mientras otros piensan que “Q” es el mismísimo Donald Trump. Parte del juego es imaginar quién o quiénes son verdaderamente “Q”.

Lo cierto es que, para los “jugadores”, QAnon es tan adictivo como cualquier videojuego de moda. Los acertijos, frases, pistas y números ofrecen a sus seguidores la falsa sensación (muy atractiva, por cierto) de estar involucrados en algo de importancia histórica mundial. La audiencia que capta “Q” no quiere afirmaciones directas, no quiere respuestas. Ellos quieren encontrar la verdad, lo real, por sus propios medios. No quieren ser narrados por otro, quieren narrar la historia.

Los seguidores de QAnon se pueden sentar horas y horas frente a una PC a buscar información, para luego publicarla en sus redes sociales. Creen firmemente que este proceso va a cambiar radicalmente el sistema, porque se creen parte de una revolución.

Si bien estas comunidades virtuales tienen poca conexión entre sí en el “mundo real”, en línea pueden llegar a ser decenas de miles, o hasta millones. QAnon ofrece algo que todo movimiento bien armado ofrece: la posibilidad de pertenecer. La posibilidad de conectarse con otras personas bajo el paraguas de una utopía que ofrece un futuro mejor, el “Gran Despertar”.

Al igual que sucede con las sectas religiosas, no todos terminan de caer en la red. Muchos “creyentes” de QAnon finalmente se dan cuenta de que muchas de las páginas o pistas llevan a “donaciones” a terceros, que sólo les quieren sacar dinero. Otros se ven aislados de sus familiares y seres queridos, por lo que desisten del grupo. Mientras que estos indicios llevan a muchos a iniciar su desvinculación, otros sienten que el aislamiento familiar y el aporte económico son “necesarios” para continuar con el proceso de “despertar”.

La totalidad de lo irreal

Los seguidores de QAnon desconfían de cualquier información que brinde un medio masivo o institución, porque creen que los medios de comunicación tratan de tapar la verdad. Por ende, están en una “guerra comunicacional” permanente. Son firmes creyentes de lo que llaman “periodismo ciudadano”, que no es más que compartir información por Facebook, Twitter, YouTube o diversos foros. Según ellos, esas son las verdaderas fuentes de información: no creen que comparten información falsa, sino “información alternativa” a la de los medios, porque son los medios los que distribuyen las “fakes news”. Se sienten “soldados digitales” que están en una pelea constante contra una narrativa que controla todo. Siguen el propósito de despertar, de compartir la verdad, de cuestionar lo establecido.

QAnon también abre sus puertas a personas que creen en otras conspiraciones, como que el Gobierno de Estados Unidos está controlado por aliens y que el área 51 oculta eso. O los antivacunas, que creen que el coronavirus es parte de un plan de Bill Gates o China, para destruir a la mayoría de la humanidad o para controlarla mediante chips que se inoculan con las vacunas. Otros piensan que el coronavirus podría no ser real y que, si lo fuese, fue creado por el “Estado Profundo”. Otro grupo postula que la histeria que rodeó a la pandemia fue parte de un complot para perjudicar la reelección de Trump. O que hay un plan de Hillary Clinton, Barack Obama y George Soros para destruir a Estados Unidos mediante sequías masivas, enfermedades armadas, escasez de alimentos y guerra nuclear. Finalmente, el sector evangélico se concentra más en los aspectos religiosos y, por ende, lucha contra los “satánicos”.

Los integrantes de QAnon se sienten en un “mundo irreal”. Un mundo en donde la verdad es sólo un contraste de opiniones y donde un antivacunas discute de igual a igual con un profesional médico en el prime time mediático. Observan que la verdad es sólo una competencia para ver qué pensamiento predomina, y entonces la realidad se reduce simplemente a elegir un bando. Se sienten desorientados en el Siglo XXI y su fábula encaja perfectamente en su visión del mundo “existente”, ya que es una fábula que les da esperanza.

QAnon es mucho más que una junta de fanáticos en foros, chats y redes sociales. Es un movimiento con un evidente rechazo a los datos concretos, a la razón, a la ciencia y a la objetividad. Un movimiento que ve a Trump como un outsider de Washington (lo cual es verdad) y que piensa en él como alguien no corrompido por el “sistema” o el “Estado Profundo”. Lo ven como el elegido para terminar con este plan maligno que controla a los estadounidenses. Literalmente, creen que Trump va a salvar a Estados Unidos de la destrucción.

Esta construcción narrativa acerca de que el país está regido por un montón de villanos no es tan lejana en nuestras tierras. En Argentina también conviven terraplanistas, antivacunas, personas que creen que el dióxido de cloro cura el Covid, libertarios, defensores de la “República”, creyentes de que George Soros domina al mundo o incluso de que al fiscal Alberto Nisman lo mató un comando venezolano-iraní con entrenamiento en Cuba. En general son minorías, pero con mucha intensidad, visibilidad y sobre-representación en los medios hegemónicos y las redes sociales. Ellos y ellas también se ven a sí mismos como gente noble que combate las mentiras de los políticos y los poderosos.

Si vamos un poco más allá, hemos escuchado varias veces a los representantes y seguidores más radicalizados de Juntos por el Cambio esgrimir una suerte de teoría del “Estado Profundo” local, según la cual Cristina Fernández de Kirchner tendría un plan macabro para darle un golpe de Estado (o directamente asesinar) al presiente Alberto Fernandez, y así quedarse con el “poder absoluto” de la Nación. 

Todavía no sabemos si estamos más cerca del inicio o del final de QAnon. ¿Qué pasará si Donald Trump pierde las elecciones generales en noviembre? ¿Aceptarán la derrota? ¿Qué van a hacer en el futuro los “soldados digitales”? ¿Les importará alguna vez que las enseñanzas de “Q” no se puedan confirmar con datos? Algunos ven a QAnon como la secta del Siglo XXI. Lo cierto es que dejó al descubierto una vez más la paradoja de nuestra era: nunca fue tan fácil chequear un dato o una información y, sin embargo, nunca fue tan difícil de que las personas lo hagan.

*Periodista y Licenciada en Comunicación Social (UNLaM)

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