El modelo formoseño

Como hablamos en nuestra última entrega, les propongo comenzar a indagar iniciativas y experiencias provinciales que han empezado a transformar su sistema educativo, o al menos, la experiencia que las y los estudiantes obtienen al transitar por las escuelas. Hoy vamos a ver juntos: el modelo formoseño.

Voy a comenzar contándoles una historia. Un 5 o 6 de enero del 2018, ya no recuerdo exactamente la fecha, una estudiante del nivel secundario de la  provincia de Formosa, que era miembro además de la federación de estudiantes secundarios (F.E.C.E.S.), vino a verme a las oficinas de la Fundación. Nuestro encuentro, era producto de una jornada de trabajo que había ocurrido unos meses antes, en dónde con varios actores del sistema educativo habíamos estado debatiendo y reflexionando sobre las Banderas para la Transformación. Un proyecto que elaboramos desde Fundación Voz en alianza con otras organizaciones y actores del sistema educativo, que tiene como objetivo transformar la escuela secundaria en base a 8 lineamientos claves (adjunto aquí la presentación).

Continuando con el relato, la joven arribó a la sede de Voz para conversar sobre uno de los objetivos que varios estudiantes secundarios de diferentes partes del país habían propuesto cómo síntesis de la jornada sobre la bandera de Democracia y Participación. Sinceramente, luego de la experiencia de varios encuentros moderados, uno a veces considera que esos documentos son más “declamativos” que “pragmáticos”. Por lo visto, en esta oportunidad, estaba equivocado. La intención de la F.E.C.E.S era organizar un Foro Federal de Centros de Estudiantes, donde representantes de diferentes organizaciones estudiantiles de todo el país pudiesen reflexionar, debatir y proponer modificaciones al sistema educativo. En conclusión, este hecho ocurrió, el foro se organizó y como resultado de dos encuentros anuales surgió la Mesa Federal de Centros de Estudiantes (ME.FE.CES)

¿Por qué les cuento esto? Porque desde esta experiencia y otras que fueron surgiendo a partir de varios encuentros posteriores, voy a intentar contarles un poco sobre lo que conozco del modelo formoseño, contrastándolo -obviamente- con datos y relevamientos de índole nacional y provincial.

En estas últimas semanas Formosa fue noticia en los medios masivos de comunicación por dos motivos: el primero, se encontró relacionado a su éxito en el control y administración de la Pandemia, y el segundo -como era de esperarse- por el reclamo desde los mismos medios para que se realicen aperturas en las fronteras provinciales. Esto se debe a que la provincia se encuentra “cerrada” y, para los medios, esto coarta la libertad de circulación de aquellos que quieren ingresar o salir de ella. A veces uno no termina de saber si el virus es el COVID-19 o los medios que intentan propagarlo… En fin, como les decía, hasta que la FECES me vino a visitar,  yo no conocía, ni estaba enterado del modelo formoseño.

Tal vez como comienzo, sea prudente empezar describiendo la estructura demográfica y educativa de la provincia. Acorde a las proyecciones del INDEC, Formosa cuenta con más de 626.782 habitantes, de los cuales 53.000 se encuentran en edad teórica de cursar el nivel secundario[1]

A su vez, en la provincia existen 2.000 unidades educativas, de las cuales 1.867 son de gestión estatal y apenas 134 pertenecen a la gestión privada[2]. Este dato no es menor, ya que nos dice que las escuelas de gestión estatal representan al 93,3% de la oferta educativa en la provincia. De este modo las normativas y directrices provinciales junto con el financiamiento educativo, adquieren una fuerte relevancia tanto en la formación como en trayectoria educativa de la gran mayoría de las y los estudiantes formoseños. Es el mismo Ministerio de Educación de Formosa quien expresa la relevancia del Estado provincial en la garantía del derecho educación del siguiente modo:

“El Gobierno de la Provincia de Formosa ha instalado en el seno de la comunidad tres ejes estructurantes referidos a la educación:

  1. La concepción de la educación como una cuestión de Estado.
  2. La consideración de la educación como una herramienta de cambio para la dignificación del hombre y de la mujer, a través del desarrollo de los valores esenciales para la vida.
  3. El fundamento de la educación como formadora de un nuevo hombre capaz de desarrollarse integralmente en su propia tierra, afianzando la identidad del ser formoseño revalorizando su cultura”

Ahora bien, observando las propiedades demográficas y educativas de la provincia: ¿cómo se traducen esos tres ejes en la gestión y en la política educativa?.

En principio debe advertirse que la provincia de Formosa desde hace varios años es criticada duramente por los informes y estudios académicos. Entre otras cuestiones, las críticas están fundadas en los altos índices de deserción escolar. ¿Pero realmente esto es así? Comencemos observando algunas cuestiones juntos.

Un estudio realizado por el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC) realizado en el año 2003, señalaba que hacia el año 1999 los indicadores de repitencia, sobreedad y abandono de la provincia se encontraban por encima de la media. En cuanto al nivel primario, la tasa de egreso era del 77%, en la primaria superior o EGB 3 la tasa disminuía al 68,9% y en el polimodal prácticamente se derrumbaba al 52,9% (Cardini, 2003). En otras palabras, 7 de cada 10 estudiantes formoseños terminaba la escuela primaria y apenas 5 la totalidad de sus estudios educativos. No obstante, vale la pena destacar que el mismo informe señala que en el período 1996-2000 la provincia se ubicó entre las jurisdicciones con mayor aumento de matrícula (9º posición) con un crecimiento de casi el 12% (Ibid.)[3]. En ese sentido, como ya hemos analizado en entregas anteriores, se observa un primer momento de expansión del sistema educativo sin capacidad de retención o en otros términos, un proceso de inclusión excluyente (Gentili, 2009).

Este proceso de inclusión excluyente, comienza a resolverse a través de medidas integrales elaboradas por el Estado provincial, quien sin dudas debe adoptar un rol central como garante del derecho a la educación. En una provincia que percibe el 87% de sus recursos de los ingresos nacionales, la política financiera para poder garantizar el desarrollo local y el derecho a la educación, sin dudas que es un desafío.


Desde entonces, la provincia de Formosa reformó en dos oportunidades su ley de educación provincial. Primero, en el año 2005 a través de la Ley Nº 1470 (previa a la Ley de Educación Nacional Nº 26.206, LEN) y en el año 2014, mediante la Ley Nº 1613. En ambas se comparte el mismo espíritu, al concebirla como “una cuestión de estado” en la sección “a” de su artículo primero, Sin embargo, este primer artículo tiene una sustancial diferencia, en la ley del 2014 se agrega la sección “c” que sostiene que la educación es: “El nuevo rostro de la Justicia Social”.  Poner en palabras, como señalaba al principio, a veces significa “declamar” y otras veces significa “praxis” o popularmente dicho “llevar a la acción”.

Tras los índices educativos enunciados anteriormente, la provincia de Formosa lleva desde hace 20 años una paulatina pero constante mejora en términos de retención y terminalidad escolar. La tasa de repitencia en nivel primario pasó de ser del 11,3% en el año 1999, a ser sólamente del 2,8% en el año 2016[4]. De igual modo, si se observa la tasa de egreso, en el nivel primario en el año 1999 era de 77% y hacia el año 2009 había ascendido al 88%[5]. Lo mismo ocurre con la tasa de promoción efectiva que en el año 1999 era de 84.9% y en el año 2016 había alcanzado al 95.7% de los y las estudiantes[6]. En definitiva, la cobertura en el nivel primario sufrió un importante y eficaz cambio tras las nuevas normativas y medidas provinciales.

En el nivel secundario se observan también notables mejoras, aunque es necesario resaltar que, como sucede en todo el país, aún se observan desigualdades y dificultades. Al ascender la tasa de promoción y de egreso del nivel primario, asciende en consecuencia la matrícula en el nivel secundario, lo cual impacta directamente en nuevas estrategias que deben adoptar los tomadores de decisiones del nivel secundario para mejorar la retención de los nuevos y nuevas estudiantes que se incorporan. En ese sentido, si se junta la EGB 3 y el polimodal (hoy secundaria básica y orientada), la tasa de egreso en el nivel secundario en el año 1999 era del 55,9% y en el año 2009 alcanza al 85.9%, es decir, crece más de 30 puntos porcentuales[7]. En cuanto a la tasa de promoción efectiva se observa una estabilidad, en el año 1999 era del 79% y en el 2016 alcanzó el 78,2%. Por último, la tasa de repitencia encuentra una leve desmejora, siendo del 7.8% en el año 1999 al 10,6% en el año 2016[8].

En conclusión, la experiencia con el modelo formoseño me trajo una clara y formidable enseñanza. Si bien muchas veces estamos acostumbrados a que en nuestro país las palabras sean sólo palabras y que jamás sean llevadas a la acción, se observa que en el ejercicio del sistema educativo de la provincia de formosa las medidas adoptadas contienen el espíritu que declaman en las normativas que promueven. Sin dudas que hay caminos por andar, aún quedan muchos y muchas estudiantes que no finalizan sus estudios en tiempo y forma, pero una doctrina clara permite obtener una estrategia e implementación mucho más efectiva. Quiero finalizar contándoles que en junio de este año, el Ministerio de Educación formoseño promovió el documento “Política Educativa del Gobierno de la provincia de Formosa” que sin dudas estamos muy ansiosos de leer para ver cuales son las directrices que llevan a la práctica.

Me despido de ustedes recordando que mañana se cumplen 10 años de la desaparición física de Néstor Kirchner, quien en su primer discurso presidencial un 25 de mayo del 2003 sostuvo lo siguiente:

Al drama de la desaparición del trabajo y el esfuerzo como el gran articulador social, se sumó el derrumbe de la educación argentina. No hay un factor de mayor cohesión y desarrollo humano que promueva más la inclusión que el aseguramiento de las condiciones de acceso a la educación, formidable herramienta que construye identidad nacional y unidad cultural, presupuestos básicos de cualquier país que quiera ser nación (…) La igualdad educativa es para nosotros un principio irrenunciable, no sólo como actitud ética, sino esencialmente como una responsabilidad institucional. Debemos garantizar que un chico del norte argentino tenga la misma calidad educativa que un alumno de la Capital Federal”. (Acto de Asunción Presidencial, 25 de mayo del 2003).

Debe de ser uno de los pocos Presidentes que tocó como segundo tópico en su discurso la necesidad de reducir las desigualdades educativas y que luego, la historia cuenta, que llevó a la práctica con las leyes de educación nacional y de financiamiento educativo. Quieran Dios y la Patria que recordemos siempre que las palabras son valores y que los valores nos conducirán a una patria más justa, libre y soberana. .

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